En el
Matrimonio pueden surgir problemas desde el primer día después de la boda y se arrastren hasta producir rupturas
inimaginables. El enamoramiento ciega muchas veces a los novios para poder
hablar, en profundidad, de muchas cosas que puedan generar discusiones y con ello,
el miedo a perder al otro. Pero hay que hablarlo todo, sobre todo para evitar daños colaterales.

Si ya
estás casado, también son temas que hay que despachar con el cónyuge, pues, sin
descanso, se ha de trabajar por una vida matrimonial de larga duración. Siempre será mejor prevenir los problemas antes que tener que ahogarse en soluciones.