
Además
de constituir un negocio a base de trampas que, como suele pasar acaban mal,
también se engañaba a las estadísticas. De esta manera, aumentaron en algunos
lugares el número de inscripciones de parejas de homosexuales o de lesbianas.
Ese
subterfugio lo montaron algunos despabilados para ganar más dinero en la no tan
lejana burbuja inmobiliaria. Y una piensa, ¿por qué de homosexuales o
lesbianas? Muy sencillo porque ninguna de las personas que formaban las parejas
de mujeres o las parejas de hombres se gustaban entre sí ni les interesaban las
personas del mismo sexo. Tampoco se trataba de hacer un favor a un amigo. Simplemente
eran del mismo sexo, con pene, en el caso de hombres, y con vulva en caso de
mujeres, porque si hubieran sido de diferente sexo, alguno de los dos hubiera
podido pedir o exigir su derecho de pernada.